domingo, 31 de enero de 2016

Notas para una correcta celebración de la forma ordinaria

Hace algunos años, uno de los miembros de nuestro equipo de Redacción fue consultado por un sacerdote español sobre distintos aspectos relativos a la correcta celebración de la Santa Misa según la forma ordinaria del rito romano y sobre las adoración al Santísimo Sacramento. Ellos decían relación con el uso de la sede, el ambón y el altar, la postura corporal de los fieles durante diversos momentos de la celebración, la forma de recitar diversas oraciones del ordinario y de proclamar las lecturas, el uso que debe darse a la campanilla, y las reglas que ha dado la Iglesia para asegurar un debido culto a la Sagrada Eucaristía fuera de la Misa. Creemos que el documento que entonces preparó pueden resultar del interés de nuestros lectores y por eso queremos compartirlo con ustedes, omitiendo el nombre del sacerdote que formuló la consulta. 

 Misa Novus Ordo, celebrada ad orientem, en la capilla de la Universidad de Friburgo (Suiza)


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Sobre una correcta celebración de la Santa Misa

Respuestas a las consultas formuladas por el Rvdo. D. XXX


Sobre las consultas formuladas, puede informar a usted lo siguiente: 

I. Sobre el uso de de la sede, el ambón y el altar

1. La sede. 

La sede es un asiento situado detrás o cerca del altar, en un lugar y altura idónea, para que el celebrante pueda ser visto como presidente de la asamblea y el moderador de la oración común (OGMR 310). Su lugar más adecuado es vuelto hacia el pueblo, al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio u otra circunstancia lo impidan, por ejemplo, si por la gran distancia se torna difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada, o si el tabernáculo está situado en la mitad, detrás del altar (OGMR 310). 

La sede debe ser adecuada al estilo y tamaño de la iglesia, sin dar la sensación de trono, como sí ocurre con la cátedra o sede de una catedral, que es el trono reservado a los obispos y con que el se simboliza su autoridad magisterial. Junto a la sede hay asientos para los sacerdotes concelebrantes, para aquellos que asisten con vestimenta coral y para los diáconos. La sede puede ser de piedra o de madera, y debe tener dignidad. Previo a su uso, la sede debe ser bendecida según las oraciones del ritual (OGMR 310). Frente a ella se coloca un atril con pie alto, desde el cual el sacerdote reza las oraciones del comienzo y final de la Misa. 

La sede se utiliza en los siguientes momentos: 

(a) “Concluido el canto de entrada, el sacerdote de pie, en la sede, se signa juntamente con toda la asamblea con la señal de la cruz; después, por medio del saludo, expresa a la comunidad reunida la presencia del Señor. Con este saludo y con la respuesta del pueblo se manifiesta el misterio de la Iglesia congregada” (OGMR 50, 118, 124).

(b) Para predicar la homilía en ausencia de púlpito (OGMR 136).

(c) Dicho el Credo, en la sede, el sacerdote de pie y con las manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una breve monición. Al finalizar aquélla, el sacerdote, con las manos extendidas, concluye la súplica con la oración (OGMR 71 y 138).

(d) El sacerdote, de pie en la sede, de cara al pueblo, con las manos juntas, dice: "Oremos"; y con las manos extendidas reza enseguida la oración después de la Comunión, a la que puede preceder un breve intervalo de silencio, a no ser que ya lo haya precedido inmediatamente después de la Comunión. Al final de la oración, el pueblo aclama: "Amen".

2. El ambón. 

El ambón es una tribuna elevada y estable que sirve fundamentalmente para proclamar la Palabra de Dios desde el presbiterio o cerca de él. Suele estar a la izquierda del altar mirando desde la nace, en lo que se llama tradicionalmente el "lado del Evangelio". El ambón, según la estructura de la iglesia, debe estar colocado de tal manera que los ministros ordenados y los lectores puedan ser vistos y escuchados convenientemente por los fieles (OGMR 309), pues desde él se proclaman las lecturas, se canta o lee el salmo responsorial y el pregón pascual, y se puede tener la homilía y la oración universal o de los fieles. La dignidad del ambón exige que a él sólo suba el ministro de la Palabra y que se cuide su confección. A veces el ambón se cubre con un paño o antipendio del color del tiempo litúrgico.

 Ambón de la catedral de Sarsina (Italia),
con representaciones simbólicos de los cuatro evangelistas
(Foto: DGBIC

No se debe confundir el ambón con el facistol. Este último es es un atril grande donde se pone el libro o los libros de canto en las iglesias. El que sirve para el coro suele tener cuatro caras correspondientes al libro de cada voz. 

El ambón se utiliza en los siguientes momentos: 

(a) “En la celebración de la Misa con el pueblo, las lecturas se proclamarán siempre desde el ambón” (OGMR 58, 118, 128, 134 y 309). Vale decir, desde él se leen la primera lectura, el salmo responsorial, la segunda lectura y la secuencia cuando la hay, y el Evangelio. 

(b) Para predicar la homilía si no existe púlpito (OGMR 136 y 309).

(c) Después de la breve monición con la que el sacerdote introduce la oración universal, el cantor o el lector u otro, desde el ambón o desde otro sitio conveniente, y vuelto hacia el pueblo, propone las intenciones, que el pueblo, por su parte, responde según corresponda (OGMR 71, 138 y 309 ).

3. El altar. 

El altar es el lugar fijo donde se ofrece el Santo Sacrificio de la Misa (OGMR 296 y 297). Representa a Cristo y por eso el sacerdote lo besa al llegar y al despedirse. El altar debe ocupar un lugar tan importante en el edificio sagrado, que sea realmente el centro de atención de los fieles [nota de la Redacción: sobre el altar y su accesorios hemos dedicado ya una serie en esta bitácora, compuesta de cinco entradas: I, II, III, IV y V]. En principio, el altar debe ser fijo y construirse separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo, lo cual conviene que sea posible en todas partes (OGMR 298 y 299). Con todo, la regla más importante es que el altar ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles (OGMR 299). Nada impide que la celebración sea hacia el sagrario, teniendo el sacerdote la misma orientación que los fieles; es más, las rubricas suponen que el sacerdote esta orientado de esta forma [Nota de la Redacción: hemos publicado previamente una entrada sobre esta materia]. 

El altar se utiliza en los siguientes momentos:

(a) Antes de la preparación de los dones, se dispone el altar, o mesa del Señor, que es el centro de toda la Liturgia Eucarística, y en él se colocan el corporal, el purificador, el misal y el cáliz, cuando éste no se prepara en la credencia (OGMR 73 y 139). La presencia del sacerdote en el altar termina después de la purificación de los vasos sagrados (OGMR § 163).

(b) El sacerdote, de pie en la sedeo desde el altar, de cara al pueblo y con las manos juntas, dice: "Oremos"; y con las manos extendidas dice la oración después de la Comunión, a la que puede preceder un breve intervalo de silencio, a no ser que ya lo haya precedido inmediatamente después de la Comunión. Al final de la oración, el pueblo aclama: "Amen".

II. Sobre la postura corporal de los fieles durante la consagración

De acuerdo a la última reforma de la OGMR, el único momento previsto durante la celebración de la Santa Misa en que los fieles deben permanecer de rodillas, a no ser que por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes u otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, han de hacer una inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración (OGMR, 43).

 (Foto: Gloria TV)

La consagración comienza recordando en forma narrativa lo que hice Jesús durante la Última Cena. De esta forma, pues, “por las palabras y por las acciones de Cristo se lleva a cabo el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, y los dio a los Apóstoles para que comieran y bebieran, dejándoles el mandato de perpetuar el mismo misterio [OGMR, 79 d)]. Por su parte, la consagración se completa cuando el sacerdote dice Mysterium fidei, partícula que por siglos (y hoy todavía en la forma extraordinaria del rito romano) se decía durante la consagración del vino, seguida de la respuesta del pueblo (OGMR 151). Sólo después de este momento y, por consiguiente, antes de que comience la anamnesis, los fieles pueden levantarse y permanecer de pie.  

III. La postura corporal de los fieles durante el rezo del Credo

El Credo se canta o se dice por el sacerdote juntamente con el pueblo estando todos de pie. A las palabras: "y por la obra del Espíritu Santo...", o "que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo...", todos se inclinan profundamente; y en la solemnidades de la Anunciación (25 de marzo) y de Navidad del Señor (25 de diciembre), se arrodillan (OGMR § 137).

IV. Sobre la postura corporal de los fieles durante la comunión

La postura tradicional en la Iglesia para recibir la Santa Comunión es de rodillas ,como muestra de respeto exterior hacia Quien se recibe. Por eso, el rito de comunión comienza con una preparación personal de cada fiel, que reza en silencio. Lo mismo ocurre una vez que se ha comulgado, cuando se vuelve al sitio y se da gracias por el don recibido. Esta acción de gracias se prolonga incluso después de la terminada la Misa, pues Cristo sigue morando en nosotros.  

La disciplina litúrgica señala al respecto: “Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas” (OGM 160; Instrucción Redemptoris Sacramentum, § 90). Con todo, hay pronunciamientos de la Santa Sede respecto de que la comunión de rodillas comporta un derecho de los fieles, aun cuando la Conferencia Episcopal respectiva haya dispuesto la comunión de pie como regla, de suerte que es ilícita la actitud de los sacerdotes que la niegan (véase aquí el texto de la instrucción de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos al respecto). 

 S.E.R. Mons. don Osvino José Both, obispo castrense emérito de Brasil, distribuye la comunión
(Foto: Laus Deo)

V. Sobre la antífona de entrada

El inicio de la celebración litúrgica está compuesto de varios movimientos. Por lo general, el sonido de una campana desde la sacristía anuncia el comienzo de la Santa Misa. A esta señal se levantan todos los fieles y entonan el canto de entrada, mientras el sacerdote y los demás ministros caminan en procesión hacia el altar. Al respecto, está dicho que “[s]i no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector, leerán la antífona propuesta en el Misal, o si no el mismo sacerdote, quien también puede adaptarla a manera de monición inicial” (OGMR 48). Esto demuestra que el uso del misal sigue siendo necesario en la Misa celebrada conforme a la liturgia reformada, incluso cuando ella se dice en vernáculo, pues la actuosa participatio exige la unión de los fieles con las oraciones del propio del día. 

VI. Sobre la aclamación antes del Evangelio

Terminada la segunda lectura, o el salmo responsorial según corresponda, el sacerdote y los fieles se ponen de pie para entonar la aclamación antes del Evangelio, que viene precedida por el aleluya. Dicen al respecto las normas: “Después de la lectura que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el Aleluya u otro canto determinado por las rúbricas, según lo pida el tiempo litúrgico. Esta aclamación constituye por sí misma un rito, o bien un acto, por el que la asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor, quien le hablará en el Evangelio, y en la cual profesa su fe con el canto. Se canta estando todos de pie, iniciándolo los cantores o el cantor, y si fuere necesario, se repite, pero el versículo es cantado por los cantores o por un cantor” (OGMR 62).

VII. Sobre la antífona de la comunión

Si hay canto de comunión, éste se entona mientras el sacerdote comulga.  Por el contrario, “[…] cuando no hay canto, se puede decir la antífona propuesta en el Misal. La pueden decir los fieles, o sólo algunos de ellos, o un lector, o en último caso el mismo sacerdote, después de haber comulgado, antes de distribuir la Comunión a los fieles” (OGMR 87).

VIII. Sobre las funciones del lector

Al efecto, conviene también aclarar qué funciones le competen al lector y quién puede ostentar la calidad de tal. Respecto de este último punto, y como se verá enseguida, el encargo puede ser confiado a cualquier fiel (lector por encargo temporal: Carta Apostólica Ministeria Quaedam, V; Instrucción Redemptoris Sacramentum, § 44) o bien tratarse de un ministerio instituido (lector instituido: Carta Apostólica Ministeria Quaedam, V; IGMR, § 99; Instrucción Redemptoris Sacramentum, § 44).

 S.E.R. Mons. don Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, instituye  a un 
seminarista de la diócesis como lector y acólito (Foto: El Faro de Vigo)

Son funciones del lector: 

(a) Proclamar las lecturas, salvo el Evangelio. Después de cada lectura, el lector propone una aclamación, con cuya respuesta el pueblo congregado tributa honor a la Palabra de Dios recibida con fe y con ánimo agradecido (Carta Apostólica Ministeria Quaedam, V; OGMR 59, 99, 128, 130). 

(b) En ausencia de salmista, recitar el Salmo responsorial (Carta Apostólica Ministeria Quaedam, V; OGMR 129).

(c) Proclamar las intenciones de la oración universal de los fieles, cuando no haya a disposición diácono o cantor (Carta Apostólica Ministeria Quaedam, V; OGMR 71).

(d) Dirigir el canto y la participación del pueblo fiel (Carta Apostólica Ministeria Quaedam, V).

[Nota de la Redacción: sobre este punto, recomendamos también la lectura de un artículo preparado por don Augusto Merino y publicado precedentemente en esta bitácora]. 

IX. Sobre el salmo 

Después de la primera lectura, se canta o se recita el salmo. “Conviene que el salmo responsorial sea cantado, al menos la respuesta que pertenece al pueblo. Así pues, el salmista o el cantor del salmo, desde el ambón o en otro sitio apropiado, proclama las estrofas del salmo, mientras que toda la asamblea permanece sentada, escucha y, más aún, de ordinario participa por medio de la respuesta, a menos que el salmo se proclame de modo directo, es decir, sin respuesta. Pero, para que el pueblo pueda unirse con mayor facilidad a la respuesta salmódica, se escogieron unos textos de respuesta y unos de los salmos, según los distintos tiempos del año o las diversas categorías de Santos, que pueden emplearse en vez del texto correspondiente a la lectura, siempre que el salmo sea cantado. Si el salmo no puede cantarse, se proclama de la manera más apta para facilitar la meditación de la Palabra de Dios” (OGMR 61).

Más adelante, la OGMR aclara la forma de proclamar el salmo: después de la lectura, el salmista, o el mismo lector, recita o canta los versos del salmo y el pueblo, como de costumbre, va respondiendo (OGMR 129).

X. Sobre el uso de la campana durante la consagración

Prevé la OGMR que un poco antes de la consagración (concretamente, cuando comienza la epíclesis), si se cree conveniente, se advierta a los fieles con un toque de campanilla sobre lo que va a ocurrir sobre el altar. Puede también, según las costumbres de cada lugar, tocar la campanilla en cada elevación (OGMR 150). Como el toque de la campanilla queda entregado a la costumbre, todo indica que la campanilla se ha de tocar también cuando concluye la consagración y el sacerdote adora con una genuflexión el Cuerpo y la Sangre de Cristo (así lo recomiendan algunas Conferencias Episcopales). La forma de tocar en cada uno de los casos en que se usa la campanilla varía: en la epíclesis y en la genuflexión del sacerdote se trata de un toque largo, mientras que en la elevación del Cuerpo y la Sangre de Cristo lo previsto es tres toque cortos. 

Igualmente por costumbre, suele usarse la campanilla al inicio de la celebración en reemplazo de la campana habitual de las sacristías. Este uso es muy útil, pues señala el momento de partida de la procesión de entrada de la celebración, aun a los que no lo ven directamente, por lo que los fieles se ponen de pie, y sirve de indicador al coro para que comience el introito o canto de entrada. 

XI. Sobre la exposición y bendición eucarística

 Fieles de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Scottsdale, Arizona (EE.UU.)
durante la exposición del Santísimo
(Foto: The Catholic Sun)

Respecto de estas prácticas de culto, conviene recordar: 

1. Todos los que pasan delante del Santísimo Sacramento hacen genuflexión, a no ser que avancen procesionalmente (OGMR 274). Esto significa que el pueblo debe arrodillarse cuando el sacerdote traslada el copón con las formas consagradas. 

2. En las iglesias y oratorios en los que esté permitido tener reservada la Santísima Eucaristía, se puede hacer la exposición tanto con el copón como con la custodia, cumpliendo las normas prescritas en los libros litúrgicos (canon 941 § 1 CIC).

3. Delante del Santísimo Sacramento, sea que esté en el sagrario como reserva, sea que esté expuesto para la adoración pública, se hará sólo genuflexión simple (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 84). De este modo y desde esa época, quedó abolida la genuflexión doble tras la reforma litúrgica.

4. Para la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia se encienden cuatro o seis cirios de los usuales en la misa, y se emplea el incienso. Para la exposición en el copón enciéndanse por lo menos dos cirios; se puede emplear el incienso (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 84). 

5. Habiéndose reunido el pueblo y, si parece oportuno, habiéndose iniciado algún cántico, el ministro se acerca al altar. Si el Sacramento no se reserva en el altar de la exposición, el ministro, con el paño de hombros lo trae del lugar de la reserva, acompañado por acólitos o por fieles con velas encendidas (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 93).

6. El copón o la custodia se colocará sobre el altar cubierto con un mantel; mas si la exposición se prolonga durante algún tiempo, y se hace con la custodia, se puede usar el manifestador o trono, colocado en un lugar más alto, pero teniendo cuidado de que no quede muy elevado ni distante. Si se hizo la exposición con la custodia, el ministro inciensa el Santísimo; luego se retira, si la adoración va a prolongarse algún tiempo (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 84).

7. Si la exposición es solemne y prolongada, se consagrará la hostia para la exposición en la Misa que antes se celebre, y se colocará sobre el altar, en la custodia, después de la comunión. La Misa concluirá con la oración después de la comunión, omitiendo los ritos de la conclusión. Antes de retirarse del altar, el sacerdote, si se cree oportuno, colocará la custodia y hará la incensación (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 94).

8. Al acabar la adoración el sacerdote o diácono se acerca al altar, hace genuflexión sencilla, y se arrodilla a continuación, y se canta un himno u otro canto eucarístico. Mientras tanto el ministro arrodillado inciensa al Santísimo Sacramento, cuando la exposición tenga lugar con la custodia (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 97). Luego se levanta y dice: "Oremos" (seguido de la oración: "Oh Dios, que en este sacramento...") (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 98). Dicha la oración, el sacerdote o el diácono, tomado el paño de hombros hace genuflexión, toma la custodia o copón y hace con él en silencio la señal de la cruz sobre el pueblo (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 99).

 Sacerdote durante la exposición y adoración del Santísimo
(Foto: Diócesis de Córdoba, España)

9. Acabada la bendición el mismo sacerdote o diácono que dio la bendición, u otro sacerdote o diácono, reserva el Sacramento en el sagrario y hace genuflexión frente a él, mientras el pueblo, si se juzga oportuno, hace alguna aclamación. Finalmente, el ministro se retira (Ritual de la Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa,  § 100).

10. No hay indicación sobre el uso de la campanilla (o del carillón, en su caso) durante la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento, por lo que habrá que estar a lo antes dicho: la campanilla se toca al comienzo, para indicar a los fieles que se acerca el Santísimo Sacramento, y durante la bendición, cuando el sacerdote levanta el copón o custodia. 

viernes, 29 de enero de 2016

La visita del cardenal Gerhard Müller a Santiago de Chile

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Ludwig Müller, a quien hemos dedicado antes una entrada a propósito del Sínodo de la Familia, visitó Santiago Chile durante el mes de noviembre de 2015 invitado por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante su estadía de casi una semana recorrió distintos lugar e impartió algunas conferencias que creemos resultarán del interés de nuestros lectores. Previo a ella concedió una entrevista al diario El Mercurio, donde se refiere al sentido del matrimonio en el plan de Dios y a la teología de la liberación. 




En la Pontificia Universidad Católica de Chile impartió dos conferencias. 


La primera versó sobre la familia y los nuevos desafíos, considerando especialmente el reciente sínodo de obispos dedicado al tema. En esta materia conviene recordar que, en el marco preparatorio de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, conocida como Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, el cardenal Müller publicó en la edición del 23 de octubre de 2013 de L'Osservatore Romano un artículo titulado "La fuerza de la gracia sobre la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio" (su texto puede ser consultado desde el sitio web del Vaticano), presentado por la editorial "para profundizar con serenidad en el tema, que es cada vez más urgente, del acompañamiento pastoral de estos fieles en coherencia con la doctrina católica".  Entre los diversos puntos que abordaba, el artículo rechazaba de forma categórica la práctica vigente en las Iglesias ortodoxas sobre la posibilidad de una bendición de las segundas nupcias tras un recorrido penitencial para el cónyuge que fue abandonado. Pocas semanas antes del sínodo, el Cardenal Müller volvió a insistir en la defensa de la doctrina tradicional sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar y apareció como uno de los cinco cardenales coautores del libro titulado Remaining in the Truth of Christ: Marriage and Communion in the Catholic Church (traducido al español como Permanecer en la Verdad de Cristo. Matrimonio y la comunión en la Iglesia católica), del que tratamos en una entrada precedente. El texto de la conferencia puede consultarse aquí





La segunda conferencia tenía por título “La vocación de la universidad católica en el contexto actual”. En ella el Cardenal Müller hizo una reflexión sobre los desafíos actuales de las universidades católicas frente al contexto actual de un mundo secularizado. El tema central girará en torno al aporte que estas instituciones pueden realizar a la sociedad desde su identidad católica. Durante su intervención habló de la importancia de la búsqueda de la Verdad, que convierte a las universidades católicas en un foco que ilumina el mundo de la cultura, especialmente a las ciencias y las artes. En esta misma línea afirmó que “nuestra época tiene necesidad urgente del servicio desinteresado de proclamar la verdad, valor sin el cual desaparecen la libertad, la justicia y la dignidad del hombre” e invitó a “hacer crecer lo que el Señor ha puesto en sus manos”. El texto de su intervención puede ser consultado aquí.





El Cardenal Müller confirió también el sacramento de la confirmación a más de 200 alumnos y funcionarios de la UC y DUOC UC.






Además, el Cardenal Müller se reunió con los obispos chilenos que celebraran por esos días la 110ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile en la casa de ejercicios de Punta de Tralca. A ellos les dirigió un discurso de gran interés, donde abordo varios temas discutidos del quehacer pastoral, recordando que la Iglesia nació perseguida y que era muy importante cuidar la unidad. El texto íntegro del discurso puede leerse aquí





En fin, el cardenal tuvo la posibilidad de celebrar la Santa Misa en varios lugares de la ciudad. Así ocurrió en la capilla Sagrada Familia, de la parroquia Cristo resucitado, de la comuna de Maipú, donde dio inicio al Mesa de María, que en Chile se celebra cada año entre el 8 de noviembre y el 8 de diciembre como preparación de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. 






Especial mención merece su visita al Santuario Votivo de Maipú, erigido en honor de la Virgen del Carmen, patrona de Chile. El cardenal Müller aprovechó el final de la Santa Misa que se celebraba en ese momento para saludar a los fieles, oportunidad en que expresó su alegría por estar en este santuario, "el cual es el corazón de Chile, de Chile creyente, de este pueblo que ha hecho su camino con Dios, que también es el camino con María, la Virgen". 





Como chilenos estamos muy agradecidos de esta visita de tan alta autoridad, quien nos ha reafirmado en la doctrina y ha hecho sentido la comunión con la Iglesia universal.  



Nota de la Redacción: Las fotos han sido tomadas del sitio oficial del Arzobispado de Santiago, salvo la primera, que corresponde a la participación del Cardenal en la tradicional procesión eucarística a caballo del Lunes de Pentecostés en Bad Kötzting, Baviera, y que está tomada de www.tagesschau.de.

Actualización [3 de junio de 2016]: La edición núm. 138 de la Revista Universitaria, medio de difusión para los ex alumnos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, trae una interesante entrevista dada por el cardenal Müller durante su visita a Chile. Ella puede ser leída aquí

domingo, 24 de enero de 2016

Comienza el tiempo de Septuagésima

Hoy, domingo 24 de enero, ha comenzado el tiempo de Septuagésima correspondiente al año 2016, el que sólo existe en la forma extraordinaria. Este tiempo siempre se inicia en la novena semana antes de la Pascua, y comprende tres domingos llamados de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. Estos nombres, tomados del sistema corriente de contar, indican la serie de decenas de días que restan para la Pascua. De ahí viene también el nombre de la Cuaresma, que recuerda el período de preparación de cuarenta días que tuvo Cristo en el desierto antes del comienzo de su vida pública de predicación. Pero bien se ve que estos número no son del todo exactos, pues el domingo de Septuagésima es en realidad el día 64° antes de la Pascua. El número recuerda también los setenta años del cautiverio babilónico.  


La Pascua es una fiesta movible y puede caer, por tanto, según los años, entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Todo depende de qué día corresponde al primer domingo después de la Luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte, como dejó establecido el Primer Concilio de Nicea (325). Cuando ella ocurre pronto, como ocurrió este año, han de suprimirse uno o más domingos de la Epifanía, los cuales se dejan para después de Pentecostés. En la forma ordinaria, los tres domingos que preceden a la Cuaresma son parte de tiempo ordinario.

El tiempo de Septuagésima es como un preludio de la Cuaresma y una preparación lejana a la Santa Pascua, sirviendo de puente entre las alegrías de la Navidad y la austera penitencia cuaresmal. Si bien todavía no obliga el ayuno, los ornamentos son ya morados, se suspende el canto del Gloria y deja de sonar el aleluya que introduce el Evangelio, existiendo incluso una ceremonia para sepultarla (las famosas Depositio Allelujae, de las que puede verse aquí un ejemplo). Ellos volverán con el tiempo pascual, imagen de la vida futura y gloriosa que que ha de seguir la resurrección general de los muertos. 


El ciclo temporal de Septuagésima acaba con el Miércoles de Ceniza, con que se inicia al Cuaresma, y que este año cae el 10 de febrero. Con todo, el Santoral puede llegar hasta el 10 de marzo, si la Pascua ocurre el 25 de abril. Desde ese día, y por las próximas cinco semanas, la Iglesia nos invita a la conversión. Se trata de un entrenamiento para el combate espiritual de por la plenitud de la vida cristiana y la perfección en la caridad.

Es sabido que todos los años el Santo Padre publica un Mensaje para la Cuaresma, que nos ha de servir de base para nuestra meditación personal durante este tiempo de penitencia. El de este año, centrado en la frase "misericordia quiero y no sacrificio" (Mt 9,13), será dado a conocer la tarde del próximo 26 de enero.  

Actualización [10 de febrero de 2016]: Hoy, Miércoles de Ceniza, comienza el tiempo de Cuaresma. A partir de la frase “misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9, 13), el Santo Padre nos invita a meditar durante este período sobre las obras de misericordia y su sentido en el camino jubilar de este Año Santo. El texto completo de su mensaje, que debe servir de alimento a nuestra oración durante estos 40 días de preparación para la Semana Santa, puede ser consultado en este enlace

viernes, 22 de enero de 2016

Los niños que jugaban a decir Misa

Cuando se lee algún libro antiguo suele llamar la atención que los niños tuviesen como uno de sus juegos habituales el decir Misa, práctica que no solamente se daba entre quienes luego recibían la vocación sacerdotal. Y sobre todo sorprende que ese juego no fuese realizado con un espíritu puramente lúdico, sino la mayoría de las veces con mucha reverencia, con consciencia de que se estaba imitando una acción sagrada que entraña el misterio más grande que puede ocurrir sobre la Tierra, donde Dios mismo se hace presente. 


Hoy esta costumbre ha tendido a desaparecer, probablemente porque el rito ha dejado de tener el encanto de algo que rompe la cotidianidad. Todo el mundo sabe que los niños juegan a aquello que están más allá de sus posibilidades, aspirando a recrear con sus juegos el mundo que no logran comprender, y cuidando de los detalles de la recreación.   


Para demostrar que que está práctica era transversal, queremos compartir con nuestros lectores un fragmento del libro intitulado Cuando era muchacho, donde el escritor chileno José Santos González Vera (1897-1970) cuenta su infancia y juventud. Que sea este autor quien narre cómo jugaba a decir Misa cuando niño es muy ilustrativo, porque posteriormente se decantará hacia el anarquismo. Aquí los recuerdos del autor:

José Santos González Vera


Con mis hermanos, y chicos de la vecindad, celebraba en la tarde la misa. ¿Cómo se nos ocurrió este juego? Mi madre no iba al templo. Debió llevarme una buena mujer amiga de la casa y debí sentirme impresionado por el ritual. Ataviábame con ropa de mi madre y oficiaba en el alfeizar de la ventana. A mi hermano Efraín le impuse el oficio de monaguillo. Mantenía el incensario en vaivén permanente y yo, fuera de modelar las palabras sagradas, leía en un libro voluminoso, enriquecido con infinidad de láminas, en un remedo de atril que habíame agenciado. Aída, Miguel y los chicuelos del vecindario actuaban de fieles. Hay en la misa un halo de teatro que subyuga. Las religiones necesitan de la multitud, pero no apelan a la razón, sino a sus sentidos. Los socialismos, cuando van a crecer, también apelan a la teatralidad. 


Efraín quería asumir la dignidad sacerdotal. Aburríale mover el incensario. El papel de creyente es pasivo en exceso. Debería hacérsele cantar y confiarle pequeñas funciones. Los pentecostales, que saben psicología multitudinaria, así lo hacen.  Pueden predicar con sus propias palabras y, cuando les coge el derrame de poder, entregarse a danzas violentas, muy benéficas para la estación invernal. 


Nota de la Redacción: El texto está tomado de González Vera, J. S., Cuando era muchacho, Santiago, Editorial Universitaria, 2010, p. 28. 


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Actualización [9 de diciembre de 2016]: El sitio New Liturgical Movement ha publicado dos interesantes entradas con videos de la antiquísima costumbre de entronizar simbólicamente un "niño-obispo" en el la fiesta de San Nicolás de Mira, el 6 de diciembre. La primera entrada contiene un encantador registro fílmico de British Pathé, de 1935, que muestra un ejemplo de una comunidad anglocatólica, que son aquellos anglicanos más cercanos en su sensibilidad litúrgica al catolicismo, quienes revivieron la costumbre de los niños-obispos, erradicada casi por completo en tiempos isabelinos. La segunda contiene dos videos con ejemplos contemporáneos de España y Francia. En España, los niños-obispos reciben el nombre de "obispillos".

Actualización [15 de marzo de 2017]: El sitio Religión en libertad ha publicado un video dando cuenta de la confección de un lego de 174 piezas para jugar a decir Misa. La iniciativa proviene de una empresa familiar católica de Saint Paul (Minnesota, Estados Unidos) llamada Domestic Church Supply Company, la cual ha dedicado un año y medio de trabajo a fabricar el paquete "El padre Leopoldo celebra Misa" con 174 piezas originales de Lego y 3 modificadas, acompañadas de un folleto de 28 páginas con instrucciones de montajes. Los niños aprenden así a conocer los objetos litúrgicos y a recrear en sus juegos la Misa dominical.

martes, 19 de enero de 2016

Sermón de Mons. Guido Pozzo durante la peregrinación Summorum Pontificum 2015

Cada año se organiza en Roma una peregrinación Summorum Pontificum para dar gracias a Dios por la restauración de la liturgia tradicional de la Iglesia merced al motu proprio de ese nombre del papa Benedicto XVI. La ocasión permite a los peregrinos estar en la Ciudad Eterna viviendo unos días de intensa unión espiritual con el Romano Pontífice y uniéndose a sus intenciones por el bien de la Iglesia y la propagación de la Fe Católica. La convocatoria para este año 2016 ya ha sido hecha, quedando todos invitados para sumarse a la peregrinación que tendrá lugar en Roma entre el 27 y el 30 de octubre, coincidiendo en esta ocasión con el Jubileo de la Misericordia convocado por el papa Francisco. Más información aquí y aquí

En la versión 2015 de esta peregrinación, S.E.R. Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, celebró una Misa pontifical en la histórica iglesia de Santa María in Portico in Campitelli, confiada a la Orden de la Madre de Dios, a cuya labor tanto debemos los chilenos. En dicha imagen se venera a la Santísima Virgen bajo la advocación de Porto de la romana sicurezza. Aunque la bitácora El búho escrutador ya ha ofrecido parte de la homilía pronunciada en esa ocasión por monseñor Pozzo, creemos que una versión más extensa preparada de las notas tomadas por Guillaume Ferluc, de Paix Liturgique, puede ser del interés de nuestros lectores. Reproducimos aquí su traducción preparada por la Redacción.  

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 S.E.R. Mons. Guido Pozzo lee la homilía durante la Misa Pontifical
(Foto: Una Cum Papa Nostro)

Sermón de Mons. Guido Pozzo
Misa de la Peregrinación Internacional Summorum Pontificum

Santa Maria in Campitelli, Roma, 23 de octubre de 2015

(extracto)

Este año habéis nuevamente venido en peregrinación a Roma, a visitar la tumba de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, para realizar, como peregrinos, un recorrido exterior, visible, de devoción y homenaje que, sin embargo, es sobre todo un recorrido interior de fe, de búsqueda, de profundización de vuestro encuentro con el Dios Vivo.

Los tiempos que vivimos son difíciles, pero no debemos desalentarnos ni ceder a la renuncia y al pesimismo. No olvidemos que, en el contexto cultural presente, hay numerosas personas que, aunque no reconocen el don de la fe, buscan sinceramente el verdadero sentido de la vida, y que esta búsqueda es un auténtico prólogo de la fe porque encamina a estas personas por la vía que conduce al misterio de Dios.

Pero estos buscadores del espíritu experimentarán, con todo, dificultades para encontrar al verdadero Dios y a la verdadera Iglesia si nosotros mismos no somos testigos creíbles de este encuentro. Lo que el mundo especialmente necesita hoy día, es un testimonio creíble de cristianos capaces de abrir el corazón y el espíritu de los hombres a un deseo de Dios y de verdadera vida, que no termina.

La misión del cristiano no consiste solamente en comunicar un mensaje, sino también en ayudar a los hombres a encontrar al Señor para que tengan la experiencia íntima de Su amor y de Su misericordia. La invitación a salir de sí mismos para evangelizar es un breve resumen del existir cristiano. Y vuestra peregrinación a Roma es el signo concreto de que queréis salir de vosotros mismos para comunicar, a los hombres que no lo conocen o que se han apartado de El, el gozo de haber encontrado a Dios. Vuestra peregrinación debe haceros sentir como comunidad de discípulos misioneros.

El evangelio habla de un grano que, una vez sembrado, crece aun cuando el sembrador duerme (Mc., 4, 26-29). La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y durante esta peregrinación, la Iglesia es una comunidad misionera, como nos lo ha recordado el papa Francisco.

Pero surge aquí una pregunta: ¿podemos dar a los demás algo que no hayamos experimentado primero en nosotros mismos? ¿Cómo podemos ayudar a los demás a encontrar a Cristo, el Dios viviente, si previamente no lo hemos encontrado nosotros mismos, si no lo hemos conocido y si no hemos contemplado el misterio de Dios en nuestra vida?

Pero, ¿dónde podemos vivir, contemplar e interiorizar, de modo privilegiado y seguro, el encuentro con el misterio divino?

La grandeza de la liturgia consiste no en ofrecer un espectáculo espiritual, por placentero que sea, sino en dejarse tocar por el misterio de Dios que se presenta a nosotros, ya que, por nuestras solas fuerzas, no conseguiríamos jamás acercarnos a Él.

 Elevación 

La celebración de la Santa Misa según el rito romano tradicional pone en evidencia ciertos elementos y aspectos indispensables para hacernos percibir la sacralidad del rito, la presencia real de Cristo, el carácter sacrificial de la Misa que es, precisamente, el sacrificio de Cristo. Todo esto contribuye a la construcción del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

La liturgia antigua no es una reliquia del pasado sino una realidad viva de la Iglesia, que contribuye a hacer actual el patrimonio de santidad y de oración que la Tradición nos ha transmitido.

La celebración de la Santa Misa según la liturgia tradicional nos hace también tomar conciencia, en mejor forma, de aquello que es la razón de ser de la liturgia, la adoración del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. La grandeza y la fuerza de la liturgia están en educar a los fieles en la adoración: sólo en la adoración puede madurar la experiencia profunda del encuentro vivido con el Dios vivo. En el acto de adoración madura, igualmente, la misión social de la eucaristía que no sólo borra las distancias entre Dios y nosotros, sino que también destruye las fronteras que nos separan a unos de otros y que impiden la reconciliación fraternal y el entendimiento entre los hombres.

Durante vuestra peregrinación romana, ahora que está a punto de inaugurarse el Año Jubilar de la Misericordia, proclamad en voz alta la profesión de nuestra fe católica. Creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Fortalecidos con esta segura confianza, nos confiamos a Él: Cristo, presente en medio de nosotros, vence el poder del Maligno, mientras la Iglesia, como comunidad visible de su misericordia, se nos presenta como signo de nuestra reconciliación definitiva con el Padre.

En este santo templo, dedicado a la Virgen protectora, comprendemos cómo el Señor ha querido permanecer en el templo que es María y ofrecer así, al mundo entero, una casa, casa que es la fe, que tiene como modelo a María, la madre de todos los creyentes. Es la fe la que nos ofrece una verdadera morada en este mundo y que nos reúne en la Iglesia, donde todos somos hermanos y hermanas.

 Inciensación del icono de Nuestra Señora de Campitelli
(Foto: François Pierre-Louis)

Pidamos a la Santísima Virgen que mire con ternura nuestras almas y nuestras familias a fin de que, como peregrinos, aprendamos, de esta peregrinación, a continuar nuestro camino hacia la morada definitiva, hacia la Ciudad eterna, hacia el gozo de nuestra Patria celestial. Amén.


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Como Redacción, sólo nos resta agregar que los próximos 1° y 2 de febrero se celebrará en la iglesia de Santa María in Portico in Campitelli la memoria del patrocinio de la Santísima Virgen, cuyo icono se conserva en el altar mayor. Presidirán los oficios el cardenal Raymond Leo Burke y el cardenal Ennio Antonelli, ambos varias veces referido en esta bitácora. Puede verse aquí la nota de prensa al respecto.