martes, 29 de noviembre de 2016

La Tradición es para los jóvenes

Muchos de nuestros lectores habrán escuchado seguramente la habitual objeción de quienes se oponen a la Misa tradicional en el sentido que la cercanía a ésta sería meramente nostalgia de parte de quienes experimentaron esta liturgia en su juventud, antes del Concilio Vaticano II. Lo cierto es que cualquiera que asista regularmente a la Misa tradicional o que haya participado alguna vez en las peregrinaciones tradicionales que habitualmente tienen lugar en Europa o América puede dar fe del vivo interés y de la profunda devoción que la Misa de siempre despierta en los jóvenes que nunca tuvieron la oportunidad de experimentarla antes. Muchos jóvenes descubren en la liturgia tradicional de la Iglesia el sentido de lo sacro y el reverente fervor que la Misa reformada difícilmente puede entregar.

A continuación reproducimos un artículo de Gregory DiPippo en tres partes sobre la liturgia tradicional y los jóvenes, originalmente publicado en el sitio New Liturgical Movement. La traducción es de la Redacción y el original inglés puede leerse aquí (primera parte), aquí (segunda parte) y aquí (tercera parte).

Gregory DiPippo

***

La Tradición es para los jóvenes (primera parte)

Gregory DiPippo

Hace muchos años leí una entrevista con un famoso teólogo “disidente”, como se dice a veces eufemísticamente, quien ya ha partido a recibir su recompensa, por lo que silenciaré su nombre. En ella hablaba sobre muchas cosas que habían desaparecido para siempre de la vida católica, y sobre las cuales, por tanto, los católicos jóvenes no tendrían jamás experiencia ni memoria alguna. Entre ellas, según recuerdo, mencionaba las Misas de funeral con ornamentos negros, y lo hacía con un dejo de desagrado, ya que la mayor parte de los revolucionarios recalcitrantes difícilmente podrían negar el poderoso sentimiento que el Réquiem tradicional transmite acerca de la realidad de la muerte, de la necesidad y eficacia de la oración por los difuntos, y de la obligación de orar por ellos. Posiblemente (y ésta es una especulación mía), incluso él tenía la sensación de que los ornamentos blancos, el canto del mismo Aleluya que se oye cada domingo en la Misa corriente de toda parroquia y los himnos de siempre, no constituyen el medio adecuado para acompañar a una familia de luto en el momento en que sepulta a un padre o abuelo muy queridos.

Estos recuerdos, ciertamente vagos, me volvieron esta semana a la memoria mientras preparaba las fotografías para la fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos: teníamos a disposición muchas más fotos para esta última, y en todas ellas los ornamentos eran negros. Fue entonces cuando recibí las siguientes fotos de parte de la Iglesia Católica Santa Juana de Arco, de Oberlin, Luisiana, y tengo mucho gusto de incluirlas en una publicación ad hoc, porque nos muestran claramente que no es inevitable que la memoria de nuestras tradiciones católicas se pierda para nuestros jóvenes. Desde que se publicó el motu proprio Summorum Pontificum, tenemos los medios para asegurarnos de que ello no ocurra, gracias a Dios, y hay mucha gente que tiene la voluntad de evitarlo. Por cierto, debiera alentarnos ver a estos hombres jóvenes participar en una antigua y solemne liturgia, por la cual, claramente, no sienten una simple nostalgia.



El párroco, P. Jacob Conner (que no parece tener ni treinta años) escribe: “Son muchos los que han trabajado diligentemente los últimos tres años aquí en Santa Juana de Arco, y aunque queda tanto por hacer, tengo confianza debido a nuestra trayectoria ascendente.  La diócesis de Lake Charles, además, ha sido bendecida con un maravilloso obispo que apoya la forma extraordinaria (el obispo Glen Provost va a celebrar una Misa pontifical el 28 de diciembre, y pontifica dos veces al año en su catedral). La forma extraordinaria existe en varias parroquias de la diócesis, y ha habido otras Misas solemnes o cantadas en varias de ellas, aparte de la nuestra… Los jóvenes, y los jóvenes de corazón, parecen estar despertando, gradualmente pero con paso seguro, a las bellezas de estos tesoros de la Santa Madre Iglesia. Como dice la Escritura, esto ofrece muchos motivos para regocijarse. Los acólitos que muestran las fotos de la Misa de Todos los Santos son apenas una fracción de los niños que ayudan la Misa en esta pequeña parroquia campesina. Desde que comenzamos a tener sólo acólitos varones, el número de ellos ha aumentado sin cesar”.   






  
***

La Tradición es para los jóvenes (segunda parte)

Gregory DiPippo

El sábado [Nota de la Redacción: el sábado 11 de noviembre de 2016], la iglesia del Inmaculado Corazón en Glasgow acogió a Una Voce Scotland para la celebración de la Misa de Réquiem anual y su asamblea general. La Misa solemne fue ofrecida por el P. Ninian Doohan (cuya ordenación reporteamos en agosto), con el P. John Emerson FSSP como diácono y el P. Mark Morris como subdiácono; la schola cantó los cantos del Réquiem y el Justorum animae de Byrd como motete para la Comunión. Aquí un hermoso y breve video de Sancta Familia Media, quienes asistieron para grabar la liturgia y entrevistar a la gente acerca de qué los atrae a la Misa tradicional.
 
 
  
***

La Tradición es para los jóvenes (tercera parte)

Gregory DiPippo

Hace apenas dos semanas publicamos algunas fotos de la Misa de la conmemoración de todos los fieles difuntos en la iglesia católica de Santa Juana de Arco en Oberlin, Luisiana [Nota de la Redacción: se refiere a las fotos que aquí reproducimos en la primera parte de esta entrada], las que me resultaron particularmente impresionantes debido a la juventud tanto del sacerdote como de los servidores del altar. Cada año, con ocasión de la fiesta de Cristo Rey de la forma ordinaria [Nota de la Redacción: en la forma ordinaria, esta fiesta, instituida por S.S. Pío XI en 1925 mediante la encíclica Quas primas, se celebra el último domingo del Tiempo Ordinario; en la forma extraordinaria, en cambio, es el último domingo del mes de octubre], la iglesia organiza una procesión eucarística luego de la Misa mayor del domingo; el párroco, P. Jacob Conner, tuvo la amabilidad de enviarnos estas fotografías. Es grandioso ver una parroquia donde se celebran ambas formas del rito romano de un modo digno y a gente joven participando con entusiasmo en ambas. Nuestros agradecimientos al P. Conner y al fotógrafo, Sr. Ryan Rozas.

Actualización: algunas fotos de la Misa celebrada antes de la procesión han sido añadidas; la Misa mayor dominical en Santa Juana de Arco se celebran ad orientem desde el primer domingo de Adviento del año pasado y, desde el próximo domingo [Nota de la Redacción: se refiere al domingo pasado, 27 de noviembre, primero del tiempo de Adviento de este año], esto se extenderá a todas las Misas, haciendo caso a la sugerencia del Cardenal Sarah de volverse hacia el Señor. Esto fue anunciado durante todas las Misas en la Fiesta de Cristo Rey, siendo la respuesta de parte de los fieles al anuncio tremendamente positiva. Deo Gratias!















La Misa 






 ***


Crédito de las fotografías: New Liturgical Movement.

Actualización [20 de diciembre de 2016]: El sitio Religión en libertad da cuenta del décimo aniversario de la muerte de Carlo Acutis, un joven de Milán (Italia) que tenía un amor tal por la Eucaristía que no faltó ni un solo día a la Santa Misa y a la adoración al Santísimo desde que hizo su primera comunión. Su devoción lo llevó a crear una exposición que presentada todos los milagros eucarísticos documentados, la que puede ser visitada aquí. Hoy es siervo de Dios y su proceso de beatificación se encuentra en curso. Más información puede obtenerse en el sitio web de su causa. 

Actualización [28 de diciembre de 2016]: La bitácora El búho escrutador ha publicado una traducción de la respuesta de Paolo Gambi aparecida originalmente en Catholic Herald (véase aquí el original) acerca de la rigidez con que se califica a los jóvenes que se acercan a la Misa tradicional. Su argumento es categórico: la Misa de siempre es precisa, completamente católica y sin concesiones. 

Actualización [25 de enero de 2017]: El sitio Religión en libertad ha publicado un artículo sobre un fenómeno que vive Francia en la actualidad y que se hace sentir en las continuas marchas en defensa de la familia y la vida. Se trata de un despertar del catolicismo francés, que parecía dormido en un país de raigambre laicista, de manos de jóvenes tradicionalistas y carismáticos. El fenómeno ha dado lugar al neologismo "tradismático" (tradismatique). Quien esto escribe recuerda, por ejemplo, la impresión que causa la Iglesia de San Francisco Javier en País llena de jóvenes un miércoles por la tarde participando de la charla y la posterior Misa de un sacerdote de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. 

Actualización [18 de febrero de 2017]: Gregory DiPippo ha continuado la serie de la cual publicamos en traducción castellana sus tres primeras entregas. Las siguientes (en inglés) pueden consultarse aquí y aquí.

sábado, 26 de noviembre de 2016

50 años de Magnificat: recordando al Cardenal Carlos Oviedo Cavada

Al igual que los demás arzobispos de nuestra ciudad desde la época de S.E.R. el Cardenal Raúl Silva Henríquez, monseñor Carlos Oviedo Cavada OdM (1927-1998) dio apoyo a la Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat. En su caso, empero, ha sido uno de los que mayor identificación ha tenido con la Santa Misa tradicional y su celebración en Santiago de Chile durante sus ocho años como pastor de esta Arquidiócesis (1990-1998), permitiéndola con frecuencia semanal mucho antes del motu proprio Summorum Pontificum.

S.E.R. Carlos Oviedo Cavada
Arzobispo de Santiago
(1990-1998)

Fue él quien nos autorizó en 1992 para celebrar la Santa Misa de siempre en la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, aunque por distintas razones que no es del caso comentar ahora no fue posible cantarla más que con una frecuencia mensual. Tal fue el lugar de celebración previo al traslado a la capilla del Campus Lo Contador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el que se mantuvo hasta 2007 con la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum y el comienzo de la celebración dominical.

Incluso, en una ocasión él mismo celebró con gran decoro y corrección una Misa prelaticia para nuestra Asociación. Celebrar pontificalmente fue imposible hasta el recién motu proprio de Benedicto XVI por falta de sacerdotes y monaguillos que conocieran el elaborado ceremonial. Dicha Misa tuvo lugar el domingo 7 de noviembre de 1991, con una muy buena asistencia de fieles. Al finalizar, el Cardenal se detuvo en la puerta de la iglesia para saludar a cada uno de los fieles asistentes y, posteriormente, hubo un almuerzo con la directiva de la época en la casa parroquial. Lamentablemente, no quedaron registros gráficos de esa celebración.


El 8 de septiembre de 1994, poco antes de ser creado cardenal por San Juan Pablo II, el Arzobispo de Santiago publicó su carta pastoral intitulada Un solo rebaño, un solo pastor dedicada a los fieles católicos vinculados a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, que desde hacía una década contaban con un creciente apostolado en nuestra ciudad. Si bien sus palabras resultan hoy superadas por los acontecimientos posteriores, allí invitaba a los fieles a permanecer en comunión con la Iglesia jerárquica, viviendo según la Tradición viva. En dicha carta existe una referencia a nuestra Asociación a propósito de la ahí llamada impropiamente “Misa de San Pío X” (mentada a veces como de San Pío V):

También hay fieles católicos atraídos por el rito romano de la antigua Misa llamada de San Pío X, y en latín, tal como la celebrábamos antes de la reforma litúrgica originada en el Concilio Vaticano II (el nuevo rito comenzó entre nosotros el 7 de junio de 1964). A este respecto debe advertirse que la Santa Misa es una sola y la misma, tal como la instituyó Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena: “Haced esto en memoria mía” (Cfr. Lc 22, 19-20). ¿Cómo celebran la Eucaristía los Apósteles, cómo los cristianos de los primeros siglos? Ciertamente su rito era distinto del que formalizara San Pío V después del Concilio de Trento, y del que estableciera San Pío X a comienzos de este siglo, y del que instituyera la reforma postconciliar del Vaticano II.

En la tradición latina también se han tenido diversos ritos, por ejemplo, el ambrosiano, el mozárabe y el de algunas órdenes religiosas, como también son muy variados los ritos en la Iglesia Católica oriental aún hoy en día. Pero, la Santa Misa es, en todos esos casos, esencialmente la misma, la que instituyera Nuestro Señor. ¿Por qué, entonces, privilegiar hoy
un solo rito y hacer una cuestión de principios algo que obviamente no lo es?


Ahora bien, la Santa Sede, con el ánimo de allanar todos los obstáculos en materias que no fueran estrictamente doctrinales, autorizó que, según la petición del Ordinario del lugar, se celebrara la Santa Misa del rito de San Pío X. Mi antecesor, el Cardenal Fresno, autorizó esa Misa en un lugar determinado una vez al mes; y yo, aconsejado por la Santa Sede, extendí ese permiso a todos los domingos del año. No ha sido fácil para los fieles agrupados en la asociación “Magníficat”, que se encarga de dicha celebración, mantener esa frecuencia, por la falta de sacerdote oficiante. Para apoyar esa iniciativa y expresar mi comprensión hacia ella, yo mismo les celebré una vez la Santa Misa en ese rito, porque soy Pastor de todos y a todos debo hacer crecer en la comunión de la Iglesia.

Escudo y lema episcopal de S.E.R. Carlos Oviedo Cavada

En diciembre de 1996, nuestra Asociación recibió una visita sorpresiva del cardenal Oviedo en plena celebración de la Santa Misa que se cantaba cada tercer domingo de mes en la capilla del Campus Lo Contador. Venía de una celebración en el santuario de la Inmaculada Concepción en la cumbre del cerro San Cristóbal y, enterado por los avisos que entonces se publicaban mensualmente en el periódico El Mercurio para informar de la celebración de la Santa Misa tradicional, quiso pasar a saludar a sus fieles ahí reunidos. El celebrante, el P. Antonio Grill sdb, estaba pronunciando la homilía cuando llegó nuestro Arzobispo, ante la sorpresa y alegría de los fieles. Después de unos minutos de prédica del celebrante, el cardenal tomó la palabra y dirigió una breve pero afectuosa alocución, donde exhortó a todos a continuar con este apostolado tan caro para toda la Iglesia.

En enero de 1997, el cardenal Oviedo ordenó sacerdote a D. Milan Tisma Díaz, a quien de inmediato le concedió autorización verbal para celebrar la Santa Misa tradicional y los demás sacramentos conforme a los libros litúrgicos de 1962 cada vez que hubiese necesidad pastoral. Desde entonces, y por ya casi veinte años, se ha desempeñado como el capellán de nuestra Asociación. 

El Cardenal Oviedo en el Santuario de Santa Teresa de los Andes en Auco

Un año después, el cardenal Carlos Oviedo presentó su renuncia como arzobispo de Santiago debido a la grave enfermedad que lo aquejaba. Falleció el 7 de diciembre de ese mismo año, víspera de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, cuya imagen preside desde las alturas del Cerro San Cristóbal nuestra ciudad.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

In memoriam: la Basílica de Nursia

A continuación encontrarán nuestros lectores un conmovedor artículo del Prof. Peter Kwasniewski, en el cual evoca la Basílica de Nursia, trágicamente destruida casi en su totalidad por el reciente terremoto en Italia central, acaecido el pasado 30 de octubre, víspera de un nuevo aniversario de la Reforma. Es en la plaza que está frente a esa Basílica y mientras desayunaba donde la señorita Prim tomó la decisión de volver a la casa del hombre del sillón, aquel que le había explicado la razonable locura del Evangelio vivido según la Tradición. 

El artículo fue originalmente publicado en el sitio New Liturgical Movement (el original en lengua inglesa puede leerse aquí) y la traducción es de la Redacción.

 La Basílica de Nursia antes del terremoto de 30-X-2016

***

In memoriam: la Basílica de Nursia

Puede parecer extraño que me exprese en estos términos, pero cuando vi las fotos de la Basílica de Nursia en ruinas, tuve tales sentimientos de privación, de pena y de dolor como si un pariente o un amigo mío hubiese muerto. Me impactó en lo más íntimo con la misma fuerza. Y cuando vi que otras iglesias en el pueblo se habían derrumbado también, el efecto en mí se duplicó. Cuán extrañamente era esto un recordatorio de aquel versículo referido a nuestros cuerpos mortales: “Polvo eres, y en polvo te convertirás”. Las iglesias son imágenes terrenas de la Jerusalén celestial, es decir, de la Esposa de Cristo, y tienen su rostro en sus fachadas: sus naves imitan su cuerpo, sus presbiterios representan su corazón. Cuando una iglesia se viene abajo, la Iglesia pierde una de sus encarnaciones.

En estas iglesias he orado tantas veces, en tantas visitas que he hecho a los monjes, y su monasterio es mi hogar espiritual (en la medida en que se puede decir que uno tiene un hogar en este valle de lágrimas y tierra de exilio). Es en la Basílica donde me enamoré del Oficio Divino tradicional, donde me he gloriado en el esplendor de la Misa según el rito romano de siempre, donde recibí la llamada a ser oblato benedictino, donde mejor comprendí lo que significa tener raíces católicas, orando en y sobre la cripta donde, según la tradición, nacieron San Benito y Santa Escolástica. Ver esta inmensa estructura como un montón de escombros me hizo recordar, quizá más que ninguna otra cosa en mi vida, la transitoriedad, la fragilidad, la mutabilidad de todas las obras humanas. Las estructuras más sólidas que podemos construir son apenas precarios castillos de naipes comparadas con el poder del Motor Inmóvil latente en el cosmos.  

No se me pasa por la mente hacer a Dios responsable. Él es como es siempre: susurra su palabra en nuestros oídos, en nuestros corazones, en nuestros sacramentos, en nuestras iglesias, infundiendo su Espíritu en las obras lábiles y falibles que producen nuestras manos y espíritus en nuestra lucha por servirlo con temor y temblor, con amor casto y filial. “Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando Él te reprenda, porque el Señor corrige al que ama y azota a todo aquel que reconoce como hijo. Lo que sufrís sirve para vuestra corrección. Dios os trata como a hijos” (Hb 12, 6-7). Es largo el camino que va desde nuestra condición caída hasta el día de nuestra configuración perfecta con el Hijo Unigénito de Dios, y no hay cómo saber cuántos sufrimientos o privaciones nos sobrevendrán para que nuestra imitatio Christi sea más real.

Pero hay un tiempo para las palabras, y un tiempo para el silencio. Hoy es más el tiempo para este último. Compartiré con ustedes algunas fotografías que tomamos con mi hijo Julian en ese amado lugar (todas las fotos buenas son de él, y las borrosas son las mías). La noble Basílica ilustrada en ellas está ahora en ruinas. Confío, y oro para que así sea, que algún se levantará resucitada.


El techo, visto desde el campanario

En el campanario




El pórtico estaba a un costado



Vista hacia el interior occidental con el pequeño órgano

Uno de los altares laterales

Misa cantada, en julio último

 Un fresco cerca de la entrada


 La Divina Liturgia bizantina, celebrada en la cripta por un sacerdote de visita

 Lugar de nacimiento de San Benito y de Santa Escolástica

 La Sacristía

Una última foto para terminar, y una nota de esperanza. Como muchos lectores probablemente sepan a estas alturas, los monjes de Nursia están dedicados a construir una nueva sede en las montañas, en un lugar fuera de la ciudad que han denominado “San Benedetto in Monte”. En este lugar hay una antigua iglesia capuchina que había sido reconstruida (y ha resistido, parece, los terremotos). Hace unos años tuve la oportunidad de visitarla antes de que se construyeran los andamios. He aquí una vista de parte del interior.